De Purisima y Oro/Jose Antonio Luna

De Purísima y Oro. Título: Ni banderas, ni escudos, ni fanfarrias.
Fecha: Martes 2 de febrero del año 2010.
José Antonio Luna Alarcón.
Intolerancia.

Ni banderas, ni escudos, ni fanfarrias.

Que me perdonen los patriotas y los patrioteros, también, los que celebran la corrida apoteósica del domingo en la Plaza México. Guárdense sus ardores patrios y su ilusión. Con novillos descastados y casi inválidos lo de El Juli y Macías no fue un triunfo ni de coña. Los toros de Bernaldo de Quirós más que miedo dieron lástima. La suavidad rayó en mansedumbre, la nobleza en imbecilidad y por si faltara algo, tuvieron tanta fuerza como tallos de miraflores. Anteayer, lo único que embistió fue el viento. A la hora de acudir al caballo dejaron de manifiesto que eran una soberana vergüenza. Sólo les arañaron el cuero, porque de otro modo, hubieran caído totalmente abatidos. Cuenta el anecdotario taurino la ocasión en que el mayoral de la casa Miura, llegó a contarle al patrón que Belmonte le había acariciado el cuerno a uno de los pupilos. Palabras más, palabras menos, la respuesta de don Eduardo fue: a mis toros no les toca un pitón ni Juan, ni San Juan. Algunos autores cuentan que mandó matar a la vaca madre. Casi lo mismo que en la corrida de hace dos días, la que podría pasar a la historia como la del sobadero de pitones, muy cornicortos hay que añadir en su honor.
En otro aspecto, nosotros, que confundimos los ruedos y las canchas de fútbol, con la fuerza y la codicia que les faltó a los toros, ayudamos a Arturo Macías a igualarle el marcador a Julián López. Muy ufanos presionamos al juez para que otorgara la segunda oreja y con pañuelos blancos le tapamos los agujeros a la alfombra. Por ello, tenemos los toreros que nos merecemos, los diputados que nos merecemos y los servicios que nos merecemos.
El redondel sólo es el escenario donde ruedan los dados del arte. El plató es sangriento y luminoso, sublime y bárbaro, impactante y conmovedor al mismo tiempo; símbolo del coraje, la bravura y la abnegación, pero dista mucho de ser un campo de batalla en el que se dirima el honor nacional. Se imaginan si en la prepa después de leer el Quijote, fuera imprescindible que el maestro pretendiera igualar las virtudes, por ejemplo, de Pedro Páramo. Demagogia estúpida. El toreo no es una competencia, sino otro escaparate de la condición creativa del ser humano con sus luces y sus sombras. Lo que en la plaza acontece cuando a la arena salta un verdadero toro, es la creación de la belleza en el lindero mismo de la muerte, con los sobresaltos y emociones de un argumento que se enreda y se desenreda sin apelar a conceptos como banderas, escudos, ni fanfarrias. La ayuda fue en vano, porque por la de toriles no apareció un toro de verdad que validara los esfuerzos.
La faena de Arturo Macías a “Destino” fue el testimonio fehaciente de esa entrega de estafeta que el matador aguascalentense heredó hace poco: de medios pases, mediana calidad, a media altura, con medio temple y su desarme, firmada, eso sí, con un estoconazo de pérame tantito y el histrionismo de un primer actor. Me salen ronchas nada más de acordarme de aquellos tiempos.
Correo electrónico: textosjal@hotmail.com

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