Vuelta para los ganaderos
(Ciudad de México) Vuelta para los ganaderos
Firma: Nadlleli Bastida /Opinion y Toros
Ante alrededor de mil quinientos asistentes se llevó a cabo la quinta novillada de la temporada de la Plaza México. Se lidiaron seis novillos de Caparica bien presentados siendos 3° y 4° muy buenos, 1° y 5° buenos y, 3° y 6°regulares.
Manolo Olivares: silencio y al tercio con división
David Aguilar: tres avisos y palmas
César Ibelles: división de opiniones y palmas
A petición de la concurrencia los ganaderos Julio Muñoz Cano y Roberto Viezcas dieron al final del festejo. No es la primera vez que ocurre, cuando a juicio de la parroquia y como sentenciara el grito de alguno el resultado en frío fue 6-0 a favor de los novillos.
No obstante del buen balance que el hierro Caparica se lleva de su presentación en la Plaza México, también hay cosas que contar sobre la actuación de los novilleros. David Aguilar y Manolo Olivares, sí aún con mucho por madurar en el oficio pero con disposición y tratando de vencer ante la adversidad.
David Aguilar ha dejado apuntes muy claros. Buenos y malos, si queremos polarizar su calificación. El primer achuchón se lo llevó en el ánimo de ser variado con el capote. Trató de llevar al novillo al caballo por orticinas y en la segunda lo atropelló. Se dolía del abdomen, pero quedó en el golpe y el revolcón. Luego vino un quite por caleserinas no muy aseado, pues no logró que su capote quede bien acomodado al echárselo a la espalda. Buscó cubrir el segundo tercio pero aquí ha tenido una baja. El error está primordialmente en que intenta clavar el par antes del encuentro.
Comenzó su labor con la muleta por el lado derecho. Batallaba entre sus buenas maneras y el hecho de que el toro desparramaba la vista al final del muletazo. Una solución o recurso que le podría haberle servido era dejarle la muleta en la cara para evitar que el novillo. Afanoso en conseguir una tanda bien ligada. Hilvanaba pero con un pequeño hueco entre pase y pase; también siempre buscando un trazo con sello. El novillo tuvo condiciones, iba a la muleta, un tanto soso y desluciendo. Al final ¿manseó o se aburrió? Comenzó a desentederse de la muleta y mirar más a los tendidos. Cierto, que una vez que se fijaba se empleaba aunque sin mucha calidad. No abrió el hocico pero volteó contrario en un par de ocasiones.
Con la espada mal y con el descabello peor. En uno de tantos intentos se dobló y como llevaba sólo uno en el fundón termino por intentar descabellar con el estoque. Al final escuchó los tres avisos.
La lluvia había comenzado. Con más arrestos que antes se fue a los medios para recibir al quinto y le recetó tres largas de rodillas. Nuevamente buscó realizar un quiete, esta vez por orticinas que le resultaron un tanto embarulladas. Con la muleta inció de rodillas y después de cambiarlo de terrenos en varias ocasiones llegó la primer tanda. El novillo soseaba, le faltaba fondo para terminar la embestida entregado, y a David confiar aún más en sí mismo para soltarse más y disfrutarlo. Sabrosos los naturales y sentidos los derechazos que calaron de verdad en el tendido, pero faltó amalgamar el todo. Concluyó su labor con manoletinas y ahora sí se fue por derecho. El novillo fue noble y como sus hermanos siempre acudió fue despedido con palmas.
Pulso hay en la muleta de este joven de Tehuacán, Puebla. Es un novillero, un aprendiz, pues, pero justo ahora debe mostrar avances sólidos.
Manolo Olivares tuvo también una tarde en la que no se le puede reprochar que se hubiera ahorrado algo; por lo menos en cuanto a intentar en la medida de sus posibilidades.
Las verónicas al primero fueron mejorando una a una. Con las banderillas estuvo voluntarioso más que acertado. En un detalle curioso al buscar tomar el olivo tras el segundo par Manolo pone el pie en el filo de la barrera para después saltar de ahí al callejón y el novillo quiso casi emularlo, sólo que el peso del segundo no se lo permitió.
Con la muleta realizó una faena de pases sueltos. Nunca le encontró la distancia al novillo, y cuando le atinaba logró correrle la mano con temple. El novillo era claro, noble y con verdadera calidad en la embestida, al que había que encontrarle el punto para que repitiera. Toreo a pies juntos, muy vertical, naturalmente, y parece ser uno de los sellos que los distinguirán. Lo hace bien, con sentimiento, pero hoy también así le faltó ligazón, lo que provocó que no pudiese redondear ninguna tanda. Se le hizo de hueso el toro y bajonazo.
Justo cuando salió el cuarto se soltó un ventarrón que hubieran sido motivo suficiente para rendirse. Las condiciones poco nos dejaron ver y gozar, incluso del novillo. Este muy bravo , encastado y noble. Fijo en la muleta se desconcertaba cuando el fuerte viento la hacía flamear. No obstante, nunca se amedrentó, por el contrario, siempre estuvo muy bien plantado.
No había forma de acomodarse ni confiarse. Manolo no podía tener el control de la tela, pero en una extraña tregua aprovechó para cuajarle una tanda por la derecha con la mano muy baja. No hubo más opciones y poco más, poco menos, el viento nos jugó esta mala pasada. Dejó una media en buen sitio que hizo rodar pronto al astado.
César Ibelles llegó a La México con veinte novilladas y pagó el precio de esta precipitación. Dicen los viejos que los novilleros de antes les bastaban un puñado, pero aquí y ahora las condiciones son otras. O se es un fuera de serie, o hay que venir bien preparado.
A César le salió el novillo de la ilusión en la Plaza México. Eso por lo que rezan todos los toreros. Un novillo emotivo, bravo, con recorrido; para cortarle el rabo. Desde la primera tanda el astado mostró quien era quien. El muchacho tuvo muchas dudas. La primera parte de la faena fue por el lado izquierdo. Le faltaba aguante para ligar el tercer muletazo, de tal forma que aunque sumara uno o dos naturales de cada tanda de verdadera valía, se iban diluyendo . Por la derecha ya no lo logró. Muchos adornos, pases de la firma, trincherizas, pero poco toreo de aquí hasta allá, con mando. Se salvarán algunos pases de pecho con nervio. El joven Ibelles hizo lo que pudo, para lo que le alcanzó. Palmas de sus conocidos y pitos del resto.
Con el sexto, deslucido aunque se prestaba no tuvo tampoco recursos para poner la emotividad que faltaba.
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